GOBIERNO CORPORATIVO
Las gestiones del ajedrecista del fútbol |
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RESUMEN
SEPP BLATTER (foto), un suizo de 75 años y en cuyo prolongado
gobierno corporativo se han presentado los más sonoros
escándalos de corrupción de la industria del fútbol
mundial, fue el único candidato para la presidencia de
la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA)
entre 2011 y 2015, cuatro años más, en medio de
la más grave crisis de gobernabilidad y de credibilidad
de la historia del organismo deportivo. Voces hasta ahora silenciosas
como las marcas inversoras de patrocinio de las líneas
de producto de su mediático portafolio, o hasta el príncipe
William, presidente de la Federación Inglesa de Fútbol
(FA), tuvieron algo que decir en este difícil capítulo
para la FIFA sin que tuvieran eco en la votación final.
Sus voces se quedaron en simples observaciones frente a su poder
entre las 208 federaciones que integran el holding. 186 de los
203 votos emitidos en el Congreso, decidieron la continuidad de
su mandato por cuatro años. Preside la multinacional del
fútbol desde mayo de 1998. Es un antiguo ejecutivo de la
firma de relojería Longines. Fue director técnico
de la FIFA entre 1975 y 1981; y después, secretario general
entre 1981 y 1998. Durante su ejercicio directivo ha estado al
borde de la dimisión varias veces, pero al final siempre
logra salvarse y salir de la situación más fortalecido.
Habla cinco idiomas, un valor agregado transcultural en sus relaciones
públicas con las filiales que representa. La mayor arremetida
contra su cargo fue la bancarrota de ISL, el brazo comercial de
la FIFA que le costó al organismo 58 millones de dólares
de pérdidas. Paso seguido, su socio de televisión,
el grupo de medios Kirch anunció la quiebra con lo cual
profundizó el conflicto de intereses que denunció
su entonces principal opositor, el sueco Lennart Johansson, quien
lideró el movimiento de choque desde la UEFA, intención
que tampoco prosperó. Con estos resultados, su habilidad
de ajedrecista político no rima con la visión
para gestionar los negocios de la empresa deportiva. Hace dos
años, un error mercantil consentido costó a la FIFA
90 millones de dóalres que tuvo pagar a MASTERCARD como
castigo judicial por incumplir un contrato de patrocinio adquirido
para los mundiales de 2010 y 2014, impasse que se convirtió
en un 'peligroso vacío legal' de impacto en las
normas corporativas entre los inversores corporativos y las unidades
de negocio de la industria del entretenimiento... |
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