| En
Argentina fútbol no es sólo una de las pasiones
más populares. También es la violencia de
fanáticos que desde comienzos del siglo XX causó
la muerte de centenares de personas y dejó miles
de heridos.
El
fútbol, el deporte más popular del mundo,
arrastra desde hace décadas una pesada carga en
muchas naciones latinoamericanas: la violencia. Hay países
como Inglaterra que lograron controlar el fenómeno
de los fanáticos hooligans. Pero en
Latinoamérica, y en Argentina en particular, los
violentos suelen robarse el protagonismo del espectáculo
deportivo y hasta se han incorporado con nombre propio
al diccionario: barrabravas.
Los
barrabravas se mueven siempre en la delgada línea
que separa el apasionamiento por un equipo de fútbol,
del fanatismo ciego, capaz incluso de aniquilar al adversario.
Es un secreto a voces que en sus acciones cuentan con
la financiación y el respaldo de los clubes y las
autoridades.
Pero
la violencia en el llamado 'deporte rey' que comenzó
siendo un fenómeno de enfrentamientos dentro de
un estadio entre los fanáticos de equipos rivales,
se fue extendiendo a las luchas de poder dentro del mismo
equipo, y últimamente, se ha desplazado incluso
fuera de los estadios para cobrarse como víctimas
a gente totalmente ajena a la cuestión.
Norma
Roldán, perdió a su hijo Matías de
18 años en marzo de 2006 luego que una banda de
estos hinchas, furiosos por el resultado de un partido
de fútbol, atacó a pedradas un tren que
pasaba circunstancialmente por la zona.
Mi
hijo venía viajando en el tren de la línea
Sarmiento con veinte amigos. Al llegar a la estación
Caballito venía una hinchada de otro club y comienzan
a tirarle piedras al tren. Mi hijo, que venía cerca
de la puerta, recibe dos pedradas en la cabeza y cae desmayado.
Cuando está tendido en el piso comienzan a pegarle
patadas con palos, piedras, todo lo que tenían
al alcance de su mano hasta dejarlo inconsciente
cuenta Norma.
La
muerte de Matías es tan inexplicable como la de
Christian Rousoulis, de 25 años, que había
ido por primera vez a una cancha y encontró la
muerte cuando regresaba a su casa y ya se había
alejado a casi un kilómetro del estadio. Un barrabrava
del club River Plate lo mató a cuchillazos a en
diciembre 1996.
Nora
Tárraga, la madre de Christian contó parte
de la historia: Christian estaba parado en una esquina
mirando cómo la barrabrava de River venía
ocasionando disturbios y rompiendo las vidrieras de los
negocios y los coches. Entonces viene un integrante de
la barrabrava de River y le pega. Cuando Christian cae
le pegan dos puñaladas por la espalda.
Tanto
el crimen de Matías como el de Christian continúan
impunes. Pero sus madres saben bien quiénes son
los responsables. Tanto los dirigentes como los
políticos usan a esta gente como fuerza de choque
para lograr sus objetivos. Todas las muertes en la que
están involucrados barrabravas nunca llegan a tener
una condena porque hay impunidad para ellos, dice
Nora.
Hasta
ahora, y en el mejor de los casos, las autoridades han
respondido al fenómeno de la violencia en el fútbol
con mayores controles policiales o a lo sumo un incremento
en las sanciones legales contra los responsables. Pero
jamás hubo un plan concreto para desenmascarar
y cortar de raíz las fuentes de financiamiento
político y económico de estos colectivos.
Casi
un millar de efectivos policiales desplegados para vigilar
de cerca a espectadores y barrabravas son necesarios en
un partido de fútbol en Argentina. Pero todas las
medidas de seguridad no han sido suficientes para frenar
una ola de violencia que ya ha costado 250 vidas en la
etapa de fútbol profesional del país sudamericano.
TÍTULO
ORIGINAL: LOS BARRABRAVAS:
LA VIOLENCIA IMPUNE DEL FÚTBOL
TITULAR DE TRANSMISIÓN: RT.COM
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