| La
organización de un suceso tan relevante como el Campeonato
del Mundo de Fútbol, especialmente si cae a un país
no habitual, como Sudáfrica, Qatar o Rusia, siempre produce
una gran discusión sobre las capacidades del país
para responder.
Antes
del Mundial 2010, y durante tiempo circularon rumores que la
FIFA estaba interesada en trasladar el acontecimiento más
importante del entretenimiento a otro país; algunos hasta
empezaron buscar qué nación lo acogería.
Pero Sudáfrica lo desarrolló con la construcción
de los estadios y los máximos estándares de la
seguridad, que fue uno de los mayores temores.
El
mismo tema es actual en lo que toca al siguiente mundial, que
se celebrará en 2014 en Brasil. Muchos recuerdan la película
'Ciudad de Dios', que describe la situación en
las favelas de Río de Janeiro. Pese a que la policía
recientemente realizó varias operaciones contra los narcotraficantes
en ellas, es demasiado temprano hablar del restablecimiento
total del orden en dicho área. Y el Gobierno, además
de la necesidad de combatir el propio problema, tendrá
también que superar continuamente los prejuicios,
que acompañarán al país durante la preparación.
Situación
parecida sucede en Rusia, que también comparte prejuicios
con la candidatura sudamericana. Por ejemplo, algunos periodistas
comenzaron a preguntar a qué temperatura bajo cero se
disputarían los encuentros, aunque hace poco fue discutido
por las autoridades de fútbol dentro del país,
el traslado de los juegos a la mañana y a la noche (habitualmente
tienen lugar durante todo el día) debido a temperaturas
muy elevadas en verano, que en algunos casos podría suponer
un peligro para los deportistas.
Al
mismo tiempo la organización de grandes competiciones,
como los Juegos Olímpicos de 1980, el final de la Liga
de Campeones 2008 o múltiples campeonatos del mundo en
diversos deportes en Rusia, siempre resultaron ser de una calidad
muy alta. Aunque esta carta de recomendación no es bastante
para eliminar las opiniones negativas de aquellas autoridades
y la sociedad, que no conoce la situación verdadera.
Pero
es posible que no haya mucho sentido en rechazar estos argumentos.
Quizás, solo sean una de las manifestaciones naturales
de la preocupación por algo de verdad significante. En
el caso del Mundial de Fútbol, significante para todo
el mundo.
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