La
obra Reconversión organizativa, el
método de JUANDE RAMOS es un aporte
a la dirección de los directorios ejecutivos
de las empresas desde la mirada profesional del
psicólogo José Carrascosa, la periodista
Yolanda Damiá y los catedráticos del
IESE Kimio Kase e Ignacio Urrutia (Universidad Antonio
de Nebrija, IESE).
En
RECONVERSIÓN ORGANIZATIVA: EL MÉTODO
JUANDE RAMOS, los expertos desvelan los sistemas
que aplica este entrenador, una filosofía
de gestión que creen perfectamente válida
para el mundo de la empresa. Bajo esta premisa,
identificaron un modelo de gestión de cambio
con base en los casos de CARLOS GHOS de Nissan/Renault
y Samuel Doria Medina de Soboce de Bolivia.
En
el deporte rey, ser entrenador requiere conocimientos
en muchas y muy variadas facetas, además
de soportar una gran presión. Justo como
un directivo. Ambos viven de los resultados, con
la particularidad de que en el fútbol se
vive al día: una mala racha y a la calle.
El mánager deportivo, además, lidia
con una plantilla relativamente inmune al "ordeno
y mando", ya que a menudo el futbolista cobra
más que su jefe y es el activo más
valorado del club. El entrenador, más que
mandar, debe influir, convencer y persuadir para
convertirse en líder. Lo mismo le ocurre
al CEO: en su caso, la empresa es demasiado grande
para controlarla de primera mano. Debe delegar
y sobre todo inspirar para que los demás
hagan bien su trabajo.
Por regla general, cuando un club contrata un
entrenador lo hace porque las cosas no van bien.
Lo mismo ocurre con los directivos llamados a
reflotar empresas. Ambos puestos de trabajo requieren
diagnósticos rápidos, plantear una
estrategia de futuro y crear un equipo en el que
confiar. También deben identificar líderes
de opinión que puedan convertirse en evangelizadores,
en transmisores del mensaje de la dirección.
Y sobre todo, buscar victorias iniciales que refuercen
su posición, unos primeros resultados palpables
que venzan la resistencia al cambio.
El
método
Cuando toma el mando de un equipo, JUANDE
basa su trabajo en tres pilares.
El
primero es su apuesta por ganar:
Parece obvio, pero lo cierto es que la mayoría
de personas en su posición sólo
piensan en no perder. Eso les hace sufrir su profesión,
ya que viven angustiados pensando en los resultados.
Un estrés que se traslada al equipo, que
sufre enfados, recriminaciones y la preocupación
que transmite el mánager. En cambio, los
que apuestan por ganar se muestran ilusionados
y ambiciosos, capaces de superar cualquier adversidad.
De hecho, disfrutan con la máxima exigencia,
destilan tranquilidad y confianza.
La
segunda máxima es el protagonismo del equipo
frente al ego personal:
Lo que otros intentan inculcar sólo entre
sus jugadores, él empieza por aplicárselo
en persona. Eso implica traspasar todo el protagonismo
al equipo, impedir que nada actúe en contra
del mismo, alejando las polémicas y los
halagos excesivos.
Por
último, RAMOS apuesta por la confianza
frente a la obligación:
Muchos entrenadores emplean expresiones del tipo
"ganar sí o sí" o "ganar
como sea". Esta actitud transmite urgencia,
presión y sobredimensiona las consecuencias
de la victoria y la derrota. Su enfoque, por el
contrario, consiste en crear un clima de rendimiento,
un espacio que invita y conduce al futbolista
a dar lo mejor de sí mismo.
La
clave es lograr que fluya
Este flow, este estado óptimo, sólo
se consigue pulsando muchas teclas a la vez. Primero,
el entrenador o directivo debe rodearse de un
equipo multidisciplinar: nadie puede dominar todos
los ámbitos, para eso están los
especialistas. Por ejemplo, JUANDE trabaja con
un psicólogo deportivo porque considera
esencial contar con un especialista para gestionar
los estados de ánimo. De la misma forma,
nunca se aventura en áreas que no domina:
conoce y acepta sus límites.
Otra
de las claves es la comunicación interna.
Como ya hemos comentado, JUANDE prefiere convencer
a ordenar. Ese convencimiento lo logra desde el
diálogo, pero de manera estudiada. Lo principal
es no abusar de la palabra, nunca alarga sus discursos
más de lo necesario. De lo contrario, acabaría
en sermones inocuos. También busca tiempo
para conversar con cada futbolista, para que sepa
lo que hace bien y lo que no. Nunca miente, algo
que todos le agradecen.
El
clima positivo también se consigue, lógicamente,
con bromas y buen ambiente; pero la gestión
de conflictos es (tanto) o más importante,
puesto que si se resuelven bien, harán
más fuerte al grupo. Por eso JUANDE valora
si tiene que intervenir o no; y si lo hace, no
personaliza el problema, lo usa para educar al
grupo.
La
fuerza del día a día
Por otro lado, sus entrenamientos son siempre
con balón, más agradecidos para
el jugador, pero a la vez siempre competitivos.
Además, valora mucho el trabajo diario
y no confía en los que sólo luchan
los domingos, ya que entiende que la competición
es cuestión de rutina. El futbolista que
compite continuamente es el que al final es capaz
de imponer su trabajo ante el rival.
No
importa si algunos futbolistas necesitan más
apoyo moral, más dedicación por
parte del entrenador. Tampoco pasa nada si otros
miembros del equipo prefieren tener algo más
de libertad. Al final, la exigencia iguala a todos,
sin diferencias. Este culto al trabajo es la base
del MÉTODO JUANDE. Inculca a sus hombres
la certeza de que pueden imponerse a cualquier
rival: no importa lo bueno que sea si ellos trabajan
más y mejor.
Es
obvio que el deporte profesional se rige por algunos
códigos que lo separan del mundo de la
empresa a nivel global, pero una filosofía
como la estudiada puede guiar al directivo por
un camino lleno de éxitos.
AUTORES:
Carrascosa, J.; Damiá, Y.; Kase, Kimio; Urrutia
de Hoyos, Ignacio
LIBRO: Reconversión organizativa, el método
de JUANDE RAMOS |