El
francés Pierre de Coubertin, inventor de juegos
olímpicos modernos
RESUMEN
Un
club que durante mucho tiempo veló con celo por el deporte
aficionado, el COI, se ha convertido en la principal multinacional
del espectáculo deportivo; pero también en un
foco muy vulnerable a la corrupción, el dopaje y la violencia.
En 1905, Pierre de Coubertin solicitaba a cada uno de sus 30
colegas el pago de 25 francos franceses, equivalente hoy a unos
70 dólares, parte de los cuales, (20 francos) estaba
destinado a la revista olímpica y el resto a sufragar
el funcionamiento del Comité. Sesenta años más
tarde, las cosas no habían cambiado demasiado, y un joyero
de Lausana, Otto Mayer, mantuvo, entre 1947 y 1965, el secretariado
del Comité Olímpico Internacional en sus ratos
de ocio, con la ayuda de una sola ayudante. Hoy, en circunstancias
en que el dinero ha invadido al deporte, la administración
del COI tiene de base en Lausana, Suiza, 116 directores y empleados.
Su presupuesto de funcionamiento pasó de 5,8 millones
de francos suizos, en 1981, a más de 100 millones de
dólares en el 2007. En cuanto a la fortuna de esta institución,
sin fines de lucro, pero muy estable, que ha tenido sólo
ocho presidentes en 106 años, pasó de 2 millones
de dólares, en 1980, a 250 millones en el 2002. En 2008,
la proyección es de 1.000 millones en caja. Los miembros
del COI, durante mucho tiempo, eran integrantes de la aristocracia,
militares y notables, que mantenían sus cargos hasta
edades avanzadas, hoy ya es más difícil seguir
el ritmo, y, de alguna manera, los 113 miembros reflejan un
poco más la realidad del deporte.