Edición global, Diciembre 2 de 2008
Informes, documentos

EDICIÓN DIGITAL No 13/2008
El peligroso entorno social del deportista producto
RESUMEN

Muy temprano, MIKE TYSON se resignó a no ser médico, ni bailarín, ni cajero de banco, ni ingeniero industrial. Sus amigos de barrio lo acusaban de no tener gracia, y él no sabía qué hacer cuando se enfrentaba a un problema que no se pudiera resolver a las trompadas (manos). En los bajo fondos del BROOKLINK, Nueva York, donde ningún respeto se consigue de la noche a la mañana y donde lo mínimo que se requiere para defenderse - o para agredir- es una navaja, no necesitaba más que el poder sísmico de sus nudillos para imponer la ley. En esas calles creció, dándose golpes con pandilleros, recibiendo porrazos de la miseria y soportando el golpe bajo de que ninguna de las muchachas se fijaba en él.
Como la fuerza era el único sistema que no le fallaba, el bueno de MIKE siguió, literalmente repitiendo puñetazos a diestra y siniestra, lo mismo para cobrar una ofensa que para conseguir un almuerzo. Cuando tenía 12 años fue arrestado por robar una billetera. Y tres años después, expulsado de la escuela secundaria de CATSKILL, por agarrarle las nalgas a una muchacha. En ambos casos, actuó como si simplemente estuviera tomando lo que creía merecer. Al llegar a la adolescencia, parecía que el rudo MIKE no lo iba a matar un camión de carga, ni lo iba a postrar una fiebre amarilla, ni habría quien pudiera reventarlo en el terreno de los golpes de mano. Sano, resultaba inexpugnable. Suelto por ahí era peligroso. Así que había que encerrarlo en una cárcel o en un manicomio.
Lectura completa del informe en la Revista Digital No 13
Suscríbase a la principal fuente de consulta de los ejecutivos del deporte





DEPORTE & NEGOCIOS