El
peligroso entorno social del deportista producto
RESUMEN
Muy
temprano, MIKE TYSON se resignó a no ser médico,
ni bailarín, ni cajero de banco, ni ingeniero industrial.
Sus amigos de barrio lo acusaban de no tener gracia, y él
no sabía qué hacer cuando se enfrentaba a un problema
que no se pudiera resolver a las trompadas (manos). En los bajo
fondos del BROOKLINK, Nueva York, donde ningún respeto
se consigue de la noche a la mañana y donde lo mínimo
que se requiere para defenderse - o para agredir- es una navaja,
no necesitaba más que el poder sísmico de sus
nudillos para imponer la ley. En esas calles creció,
dándose golpes con pandilleros, recibiendo porrazos de
la miseria y soportando el golpe bajo de que ninguna de las
muchachas se fijaba en él.
Como la fuerza era el único sistema que no le fallaba,
el bueno de MIKE siguió, literalmente repitiendo puñetazos
a diestra y siniestra, lo mismo para cobrar una ofensa que para
conseguir un almuerzo. Cuando tenía 12 años fue
arrestado por robar una billetera. Y tres años después,
expulsado de la escuela secundaria de CATSKILL, por agarrarle
las nalgas a una muchacha. En ambos casos, actuó como
si simplemente estuviera tomando lo que creía merecer.
Al llegar a la adolescencia, parecía que el rudo MIKE
no lo iba a matar un camión de carga, ni lo iba a postrar
una fiebre amarilla, ni habría quien pudiera reventarlo
en el terreno de los golpes de mano. Sano, resultaba inexpugnable.
Suelto por ahí era peligroso. Así que había
que encerrarlo en una cárcel o en un manicomio.