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RESUMEN
Por
estos días MARION JONES (foto) intenta reconstruir su
vida. La otrora reina del atletismo y modelo de persuasión
de marcas líderes del mercado del deporte, vive el 'castigo'
de la sociedad americana que 'juega a la hipocresía'
cuando descubre que sus iconos no riman con su estilo, espacio
y ámbito cultural. En 2000 era el auditorio que rendía
al unísono reverencia a la mejor atleta del planeta y
la deportista mejor pagada del mundo, 72.000 euros por carrera.
El 'efecto olvido' pareciera el castigo para quien admitió
que se mantuvo por años en el podio ayudada de sustancias
médicas prohibidas. En sus mejores tiempos era el rostro
de marketing de la NIKE. La fortuna económica personal
era incalculable. Hoy, está arruinada. Vende sus pertenencias
para poder sobrevivir. En el verano de 2000, una bella joven
morena arropada con la bandera de su país, mostraba al
mundo uno de los triunfos de mayor impacto mediático
en la industria del deporte. Era el momento más importante
en la vida de Marion Jones. La estadounidense era exaltada al
título de Reina de los Juegos de SYDNEY luego de conquistar
tres medallas de oro y dos de bronce en carreras de pista y
campo del campeonato de atletismo olímpico.
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