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POR
RAMÓN CABALLERO, MADRID
RESUMEN
Cuando
hace dos años el brasileño Carlos Ghosn llegó
la presidencia de Renault, muchos observadores se atrevieron a
pronosticar que los días de la marca en la industria de
la Fórmula Uno, estaban contados. Aunque la señal
de la conjetura era el difícil momento económico
de la fabricante, se equivocaron. El llamado cost killer (asesino
de costes) por su fortaleza a la hora de aplicar la mano para
la contención de gastos en las compañías
por las que ha desfilado, como los exitosos resultados en la japonesa
Nissan, llegaba para transformar a la automotriz en una marca
mundial. Y los títulos de 2005 tanto de pilotos como de
constructores se convirtieron en grandes aliados de sus objetivos
globales. Hoy, el segundo éxito consecutivo en la pista
comercial del automovilismo deportivo, fortalece la imagen de
marca, pero también deja un vacío a futuro por la
partida de su estrella, el español Fernando Alonso...
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